Mrs. Brown: La reina Victoria y John Brown

Hay muchos tipos de amor. La reina Victoria y John Brown, su ayudante y sirviente escocés, se quisieron con ternura en una historia de amor supuestamente platónica que escandalizó a la sociedad de su época. No obstante, la reina rebelde no renunció a dejarse ver con él en público a pesar de las presiones del gobierno. Quizá esta sea una de las parejas más desiguales de 99 historias de amor

La reina Victoria (1819-1901) es el símbolo del poder del Imperio británico en su máxima expansión. Su reinado (1838-1901) fue el más largo de la historia británica hasta que la superó Isabel II. El recuerdo que ha perdurado es el de una época ridícula e hipócrita con unas costumbres absurdamente pudibundas: la Era Victoriana. Y sin embargo, la reina Victoria fue una mujer llena de pasiones.

Victoria y Alberto, matrimonio por amor

Boda de Reina Victoria de Inglaterra y Príncipe Alberto
Boda de la reina Victoria y del príncipe Alberto

El gran amor de Victoria fue su esposo, su primo alemán el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha (1819-1861). Se conocieron a los dieciséis años de edad, pero el idilio no empezó hasta que Alberto visitó Inglaterra en 1839; Victoria tenía diecinueve años y era reina desde el año anterior. Inmediatamente cayó enamorada de él: «era increíblemente guapo, con esos grandes ojos azules… mi corazón se desbocaba», escribió posteriormente en su diario. 

Ella tomó inmediatamente la iniciativa, le propuso matrimonio y celebraron su enlace al año siguiente. Fueron felices.

Tuvieron nueve hijos, que se casarían con príncipes y princesas extranjeros cuyos hijos, a su vez, desposarían a más miembros de la realeza—y convirtieron a Victoria en abuela de todos los monarcas europeos. En la boda ella le juró obediencia a pesar de que, por ser de rango superior a él, podía haberse negado. No obstante, fue una mujer decidida y una reina rebelde que gobernó activamente, a pesar de los inconvenientes de sus muchos embarazos y de las encarnizadas luchas de poder con su consorte. Victoria intentó que se le concediera el título de rey, pero la propuesta fue rechazada unánimemente.

El príncipe estirado

Alberto fue muy impopular al principio por su origen alemán —a pesar de que la dinastía gobernante era también germana, los Hannover—, así como por su severidad y escasa simpatía, pero fue aceptado progresivamente y en 1857 el Parlamento lo nombró Príncipe consorte.

El príncipe Alberto falleció en 1861, a los cuarenta y dos años, de unas fiebres tifoideas. La reina prácticamente enloqueció de pena; cayó en una gran depresión y no se dejó ver en público durante tres años, que pasó en práctica reclusión. Desde entonces, y hasta su muerte, cuarenta años después, guardó luto estricto. Las habitaciones del príncipe se conservaron como si viviera; diariamente se disponía una jofaina con agua caliente para su afeitado.

El guardaespaldas de la reina

John Brown, sirviente y amigo de la reina Victoria, con los perros de ella
John Brown con los perros de la reina

El escocés John Brown (1827-1883) era guardabosques en el castillo de Balmoral. El príncipe y él se conocieron en 1842 y la relación avanzó hasta que se convirtió en su sirviente favorito.

Cuando falleció Alberto, la reina lo conservó a su lado en recuerdo del afecto que le tenía su marido y se convirtió en su compañero inseparable, amigo y confidente.

La reina, bajita y regordeta, estaba fascinada por el gigantesco escocés de maneras rudas y eternamente vestido con su kilt. Ambos componían una curiosa y desigual pareja. Brown acompañaba a la reina cuando paseaba diariamente a caballo, la atendía en la mesa y preparaba su alcoba. Dormía en una habitación adyacente. Salvó su vida en dos atentados.

Reina Victoria and John Brown

Las relaciones de Mr. y Mrs. Brown

Seguramente no tuvieron una relación carnal, pero la adoración de la reina por su escocés —y a la inversa— era tan evidente que sus propios hijos lo llamaban en broma «el amante de mamá» y en Inglaterra apodaron a Victoria Mrs. Brown. El escándalo se fue haciendo tan grande que se convirtió en un problema político y el gobierno solicitó a la reina que no se exhibiera públicamente con su sirviente, pero ella se negó, alegando que era su único apoyo moral. La leyenda cuenta que Victoria y John se casaron en secreto. No se ha hallado ningún documento que confirme este matrimonio, pero sí pruebas de que existió un romance entre ellos.

John Brown falleció en 1883 dejando a la reina desconsolada. Quedó tan afectada que no caminó durante un año y hasta su muerte solamente pudo desplazarse con ayuda de un bastón o en silla de ruedas, aunque siguió llevando los asuntos de estado.

Victoria hizo erigir en Balmoral una estatua de tamaño natural donde cada día se ponía una flor. En su base hay un epitafio de lord Tennyson: «Friend more than Servant, Loyal, Truthful, Brave, Self less than Duty, even to the grave» (Amigo más que sirviente, leal, sincero, valiente, desinteresado ante el deber, hasta la tumba).

Otra pareja histórica: Sexus: Anaïs Nin y Henry Miller
del libro 99 historias de amor