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99 curiosidades sobre el sexo
Alicia Misrahi
de Bolsillo. 2006
   
99 curiosidades sobre el sexo El cavaliere servente

 

En Italia, durante el siglo XIX, se impuso la costumbre de que las mujeres casadas tuvieran un cavaliere servente, es decir un caballero a su servicio que las cortejaba con bellas palabras de amor y escritos apasionados y que atendía a sus caprichos, necesidades y deseos.

George Gordon Byron (Lord Byron), trató este asunto con mucho humor en sus incisivas, cínicas y brillantes cartas, que trazaban un vibrante fresco de su época. Esta carta va dirigida a su hermana, su gran amor. Augusta era hija de John ( Mad Jack Byron) y de su primera esposa y ella y George apenas se habían visto hasta que coincidieron en Londres en 1813 y se subyugaron mutuamente. Para poner fin al incesto, Byron se casó con Annabella Milbanke y, cuando el matrimonio fracasó, puso tierra por medio y realizó una serie de viajes por Europa.


"Venecia, 19 de diciembre de 1816

Mi queridísima Augusta:
(...) Tienes toda la razón al decir que me gusta Venecia. Es tal y como te la imaginas, aunque ahora no tengo tiempo para descripciones. Esta semana empieza el Carnaval, y con el Carnaval, las mascaradas. No he salido mucho, pero he salido tanto como he querido -esta noche salgo, con mi capa y mi góndola (aquí tienes dos bonitas palabras de Mrs. Radcliffe). También están la plaza de San Marcos, las conversaciones, y otras bobadas por el estilo (aparte de muchas picardías).

La verdad es que todo el mundo es pícaro, hasta el punto de que nadie considera que una dama ha trasgredido la modestia del matrimonio si sólo tiene un amante, ya que esto es lo habitual (algunas tienen dos, tres y así sucesivamente, hasta veinte, y luego dejan de contar, pero por lo general empiezan con uno).

Los maridos naturalmente pertenecen a todas las mujeres menos a la propia. Mi amor actual tiene veintidós años, ojos increíblemente hermosos y negros, facciones muy regulares y bellas, la figura ligera y graciosa, el pelo oscuro, excelente cantante, como aquí son todos, casada (por supuesto) y con una hija. Tiene muy buen carácter (como sabes, así había de ser) y es muy alegre -veneciana de nacimiento, nunca ha ido más lejos de Milán. Su marido tiene unos cinco años más que yo y es una bellísima persona.

El apéndice amoroso que nosotros llamamos amante aquí recibe varias denominaciones -a veces "Amoroso" y a veces "Cavaliere servente", que, no hace falta que te diga, es un "caballero al servicio de". Le dije a mi amada, desde el principio, que en lo del amor y la caballerosidad estaba muy de acuerdo, pero que lo de la servidumbre a mí no me iba y le rogaba que no lo volviera a mencionar. Como puedes suponer, en eso de las ceremonias yo no haría muy buen papel.

Tan mal lo hago que en lugar de ayudar a la Dama, como era mi obligación, a entrar en la góndola, estuve a punto de arrojarla al canal (y encima a medianoche). Realmente estaba más negro que la boca de un lobo, pero deberías haber visto con qué seriedad la estaba arrojando al agua mientras pensaba en otras cosas que no tenían nada que ver. Siempre me olvido de que las calles son canales y pretendía ayudarla a cruzar andando por el agua, hasta que los criados y los gondoleros me despertaron. Pero no hablemos más de amores. (...)."

 
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